¿Es el polígrafo la auténtica máquina de la verdad? Peritos examinadores, jueces y abogados nos cuentan cómo funciona, cuándo se usa y cuánto cuesta someterse a su dictamen.

Le juro que yo no he sido, que no es cosa mía y que estoy diciendo la verdad». El acusado mira a su abogado con impotencia. Está en el despacho de su letrado contando en qué le han implicado, y que aún no se lo cree. «Si quiere, me someto al polígrafo para demostrar mi inocencia, faltaría más». Esta conversación no es real, pero podría serlo. «Ese acusado ha visto mucha televisión», podría pensar usted. Pero lo cierto es que el polígrafo no es solo ese instrumento de películas de espías del FBI o la CIA, asesinatos en pueblos recónditos del medio oeste americano y programas de televisión. Es un aparato que también se usa en la Justicia. Incluso en la española. «Hay tres casos muy famosos», detalla el abogado penalista Raúl Ochoa. Miguel Carcaño, el asesino de Marta del Castillo, aceptó someterse a una prueba de la verdad en febrero de 2014. También Antonio Losilla, acusado de matar a su mujer en Ricla, Zaragoza, en 2011. Y el exmiembro del GRAPO Fernando Silva Sande, responsable de la desaparición en 1995 de Publio Cordón. En los tres casos, la prueba se hizo «con la finalidad de averiguar dónde estaban los cuerpos». Pese a estos precedentes, «muy pocos letrados la solicitan por escrito», advierte el abogado. La razón no es su efectividad, sino su encaje legal. «Es muy controvertido porque puede ir contra los derechos del acusado», explica el letrado. Derechos de los llamados, por cierto, «fundamentales», puntualiza el juez instructor Juan Carlos Mediavilla. El acusado de un delito tiene derecho a no declarar si no quiere y, sobre todo, a no hacerlo contra sí mismo. Además, «no se puede hacer cualquier cosa para que diga la verdad». Solo si él lo solicita y firma un consentimiento previo podría ser sometido al polígrafo. Ese es el primer escollo. Pero, aunque se supere, aún quedan más. Para empezar, solo se puede considerar como «prueba pericial» y su función es aclarar dudas o afianzar la credibilidad de quien lo solicita, detalla Julián García Marcos, magistrado en la Audiencia Provincial de Gipuzkoa. Por eso, es también muy importante cómo se realiza la prueba. Debe hacerla un especialista en neurofisiología, que será el encargado de analizar los resultados y elaborar el informe que luego se presente ante el juez. Pero este documento en ningún caso habla de inocentes o culpables. Solo hay tres resultados: si el sujeto ha superado la prueba, si no lo ha hecho o si el resultado es inconcluyente.

Infidelidades y dopaje

Después, es el magistrado del caso el que tendrá la última palabra. «En nuestro sistema es esta figura la encargada de valorar las pruebas en el juicio», precisa García Marcos. De ahí que su alcance probatorio sea limitado. Y que su uso se circunscriba a ciertos casos relacionados «con la libertad sexual y la violencia doméstica», en los que hay pocas pruebas directas, o en algunos relacionados con el patrimonio. Pero el polígrafo es más que una prueba que se puede aportar en un proceso legal. También tiene aplicaciones fuera de este ámbito. Por ejemplo, en el laboral. «Hace apenas un mes acabé un proceso encargado por un empresario ruso que pidió pasar las pruebas a varios de sus empleados», ejemplifica José Antonio Landa. Él es un pionero en el uso de esta herramienta en España. Su primera experiencia, por cierto, fue como ‘cliente’. «Fui interrogado por dos exmiembros del Mossad (el servicio de inteligencia de Israel) en una suite del hotel Fénix de Madrid, entonces perteneciente a la cadena hotelera del magnate judío Marc Rich, para quien acabaría trabajando como jefe de seguridad», recuerda. Landa también jugó un papel importante para acercar su uso a la televisión de la mano de ‘La máquina de la verdad’, el programa que presentaba Julián Lago en los 90. Aunque se distancia de lo que se hace ahora. «Entre ese programa y el ‘Polideluxe’ hay un abismo», advierte. No hay que dejarse llevar, por tanto, por lo que vemos en la pequeña pantalla. «El polígrafo se usa en España desde finales de los 80. Cada año, en Poligrafo.com relizamos miles de evaluaciones», explica. La mayoría relacionadas con el entorno privado: «Diferencias conyugales, denuncias falsas, abusos sexuales…». También son contratados por empresas de seguridad en la selección de personal. Esto último es de lo más común, sobre todo en Latinoamérica, confirma Landa, que dirige la European Polygraph Academy y trabaja «en todo el mundo como poligrafísta» desde hace casi tres décadas. Relata que en una ocasión se desplazó hasta Argentina para someter a esta prueba a un famoso tenista acusado de dopaje que quería demostrar su inocencia.

Un medidor de emociones Y lejos de lo que pueda parecer en la televisión, el dispositivo que lleva consigo allá donde viaja le cabe en un maletín. «Desde el año 2000, todos los polígrafos son digitales, da igual el tipo o la marca», advierte. Lo que sí tiene son cables y electrodos que se colocan en quienes se someten al cuestionario para registrar su respuesta física (los latidos, el sudor, si hay temblores o intentos voluntarios de alteración de la señal fisiológica), que es lo que mide el polígrafo. «En realidad, no es una máquina de la verdad, sino un medidor de emociones, de reacciones psicofísicas», detalla. «Es una herramienta de diagnóstico», concluye Landa, que también se encarga de dar cursos de formación en esta área a alumnos de más de treinta países. Todos esos parámetros quedan registrados en unos documentos que son los que luego el experto lee e interpreta. Por eso, es muy importante que el poligrafista sea una persona formada y con experiencia. «Lo ideal es trabajar primero al lado de un experto que actúe como mentor». Además, debe ser una persona íntegra, honesta, sin antecedentes penales, con experiencia vital, capacidad para la comunicación verbal y no verbal… «Es de valorar tener conocimientos de seguridad, investigación y psicología humana», señala el veterano experto, al que ahora también acompaña en el negocio su hija. «Es un arte y una ciencia», concluye alguien con tres décadas de profesión a sus espaldas.

¿Se puede engañar al polígrafo como un agente secreto de película?

¿Se puede engañar al polígrafo? Surge la duda cada vez que se habla de este asunto. A ello contribuye la ‘pericia’ de algunos espías de película que son capaces de controlar tanto sus emociones que llegan a engañar a la máquina. Pero los expertos de verdad, los de carne y hueso, advierten de que gente como James Bond hay poca, por no decir nadie. Pero es que, además, las máquinas modernas «cuentan «con avanzados sistemas de contramedidas» para evitar estas situaciones, remarca José Antonio Landa. «En Internet se habla desde la ignorancia sobre muchas formas de engañar al polígrafo, pero ninguna funciona», insiste. Sobre todo, «si el operador toma las precauciones adecuadas», prosigue este perito, que sometió a la prueba al recientemente fallecido Luis Roldán, tristemente famoso por protagonizar el mayor escándalo de corrupción de la Transición, y fue contratado por el padre de Dodi Al Fayed, pareja de Lady Di que murió junto a ella en un accidente de tráfico en París. Él, por ejemplo, rechazó a los padres de Madeleine McCann, la niña británica desaparecida en Portugal en 2007, por la cantidad de requisitos «imposibles» que ponían para la sesión. Muchos detractores ponen sobre la mesa que, pese a la pericia del perito, en realidad la prueba tiene una fiabilidad discutible por no ser perfect. En 2003, la propia Academia Nacional de Ciencias de EE UU firmó un informe en este sentido. Una actitud que para los expertos tiene más que ver con intereses políticos y sindicales que con la realidad. «Es una herramienta de diagnóstico perfecta», señalan los profesionales que la utilizan. «Además, quitando la prueba del ADN ninguna otra supera al polígrafo en fiabilidad». Recuerda.

Pruebas de polígrafo a partir de 400 euros

Someterse al polígrafo no es un ‘algo a tomarse a la ligera’. Requiere tiempo. Una sesión normal dura dos o más horas, todo depende de la complejidad del caso en concreto. Se empieza sometiendo al sujeto a una entrevista previa que incide en conocer aspectos relacionados con la salud para definir su idoneidad y también sobre aspectos de su desarrollo vital. Luego se configura meticulosamente el cuestionario, adaptado también a cada situación y teniendo claro qué es lo que se busca, para lo que hay que hablar también con quien lo encarga. Luego, es el turno de la prueba y la recogida de datos de la misma. Esa información será analizada después con minuciosidad por el experto, que expondrá el resultado en un informe. En total, el patrocinador de la prueba debe abonar entre 400 y 1.500 euros, un precio que varía en función de variables como el tipo de ‘delito’, si hay que desplazarse, número de participantes e incluso fechas concretas del servicio.

 

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